Tengo tanto frío, por fuera y por dentro... no siento lo más mínimo de mi ser. Ni tan siquiera sé si está lloviendo mucho, o es que estoy llorando demasiado.
No hay escapatoria, vuelve ese vacío latente en el pecho, el dolor abrasa mi cuerpo robándome el aliento. E, incluso, cuando consigo respirar con normalidad este dolor sigue ahí para recordarme que no estoy a salvo, que no puedo huir.
En ocasiones me recuerda que estoy viva, en otros que no me gustaría
sentir. Me siento cansada de luchar por cada bocanada de aire, cada
cual más costosa a cada minuto. La falta de aliento, los miembros
dormidos, el temblor, las lágrimas… todo me obliga a sentir algo, pero
cuando se van, me enfrento al vacío doloroso que abrasa en mi pecho.

No hay comentarios:
Publicar un comentario